CÁNCER DE VEJIGA: causas, síntomas y terapia del cáncer de vejiga

Cáncer de vejiga

¿Qué es el cáncer de vejiga y la epidemiología?

La neoplasia de vejiga es un crecimiento excesivo de células en la pared de la vejiga. El significado de los términos tumor, neoplasia o cáncer es equivalente, por lo que en el artículo se utilizarán todos para hacer referencia a la misma patología vesical. El cáncer de vejiga generalmente se origina en el urotelio o epitelio de transición, que es el tipo de tejido que caracteriza a todo el tracto urinario desde la pelvis renal hasta la uretra.

Desde un punto de vista epidemiológico, el cáncer de vejiga y en particular el carcinoma urotelial (94% del total de tumores de vejiga), representa aproximadamente el 4% de todos los tumores malignos, con una incidencia 3 veces mayor en hombres que en mujeres: en Italia, la incidencia es de 30 hombres y 10 mujeres por cada 100.000 habitantes por año, para un total de unos 18.000 casos y 7.000 muertes.

Clasificación

Los tumores de vejiga representan el 99% de los casos malicioso, dentro de los cuales carcinoma urotelial (94% del total; también llamado carcinoma de transición), carcinoma de células escamosas o escamosas (menos de 4%; más frecuente en el norte de África, especialmente Egipto), adenocarcinoma (menos de '1%) y finalmente cáncer de vejiga de células pequeñas (extremadamente raro).

El 1% restante de casos es en cambio benigno, entre los que se pueden encontrar pólipos vesicales, papilomas vesicales como el papiloma vesical benigno o papiloma urotelial invertido (más frecuente en niños), o el adenoma nefrogénico (que en el 30% de los casos se localiza en los uréteres).

Dentro del tipo de tumor más frecuente, el carcinoma urotelial, existe una clasificación adicional: esta neoplasia puede ser morfológicamente papilar (90% de los casos; pediculado o sésil) o no papilar (exofítico sólido, a menudo ulcerado o verrugoso, o plano , que se desarrolla hacia el exterior de la vejiga); simple o multifocal (más frecuente); superficial (80% de los casos; no infiltra la capa muscular pero tiene una marcada tendencia a progresar y recaer) o infiltrante (20%, en el que ya se ha superado la capa muscular y en 5% de los casos ya tiene metástasis).

Factores de riesgo

Los principales factores de riesgo del cáncer de vejiga son los siguientes:

  • Humo de cigarro: hasta 50% de los casos de carcinoma de vejiga son atribuibles al tabaquismo. Además de la acción de múltiples sustancias nocivas, juega un papel importante la 2-naftilamina, un compuesto que es absorbido por los pulmones y posteriormente modificado por el hígado mediante una conjugación con ácido glucurónico para ser excretado en la orina. En la forma conjugada, este compuesto no tiene acción cancerígena, pero este enlace se rompe en la orina y la 2-naftilamina conduce a la transformación tumoral de las células de la pared de la vejiga.
  • Actividad laboral dentro de las fábricas de la industria textil: aproximadamente 25% de los casos de cáncer de vejiga, especialmente en el pasado, se debieron al contacto con telas y tintes utilizados en las fábricas textiles. También en este caso se ha observado el papel de la 2-naftilamina, contenida en algunas sustancias utilizadas en los procesos de coloración y tratamiento de cueros y cauchos.
  • Cafe y alcohol
  • Infecciones: la forma específica de carcinoma de células escamosas está relacionada con la presencia del parásito Schistosoma Haematobium, endémica de Egipto, Tanzania y Malawi.
  • Radiación (utilizado en cáncer de próstata o recto) y fármacos (ciclofosfamida).
  • Un largo historial de infecciones o trauma renal se ha relacionado con la aparición de carcinoma nefrogénico. En este tumor en particular, el 70% de los casos está en la vejiga, mientras que el resto está en los uréteres.
  • Algunos malformaciones de la vejiga están asociados con el adenocarcinoma de vejiga. Entre estos, los más importantes son la persistencia de uraco (un residuo embrionario) y la extrofia vesical.

Dado que en la actualidad no existen pruebas de detección eficaces, es extremadamente importante implementar medidas preventivas para reducir los factores de riesgo.

Cáncer de vejiga: favorecido por conductas de riesgo como fumar cigarrillos, que a menudo se manifiesta por sangre en la orina (hematuria).

Evolución y pronóstico

En ausencia de diagnóstico y por lo tanto de terapia, el tumor se desarrolla en tamaño que sobresale dentro de la luz de la vejiga pero también se infiltra en la pared, erosiona la capa muscular y afecta todas las áreas de la vejiga (como el trígono vesical, el esfínter uretral interno, la salida de los uréteres), dando metástasis en los ganglios linfáticos (ganglios linfáticos pélvicos, hipogástricos, obturadores e ilíacos internos) y a los huesos, pulmones e hígado.

La esperanza de vida de los pacientes con cáncer de vejiga depende fundamentalmente del diagnóstico precoz, la evolución de las células tumorales y la implementación de terapias. En general, el pronóstico es muy bueno en los estadios iniciales (88-98% a los 5 años), y disminuye en las formas intermedias (46-63% a los 5 años) y en las avanzadas con metástasis (15% a los 5 años).

Síntomas y manifestaciones clínicas.

Desde el punto de vista de la sintomatología, aproximadamente el 80% de casos está presente hematuria, o la presencia de sangre en la orina. En casi todos los casos, esta hematuria es macroscópica o visible a simple vista, la denominada macrohematuria: La orina aparecerá más roja, lavada o de color Coca Cola. Por lo general, esta hematuria es recurrente (no siempre está presente, puede aparecer y desaparecer) y suele ir acompañada de coágulos de sangre; Además, suele estar presente al final de la micción y, por lo tanto, se define hematuria terminal. En aproximadamente 30% de personas con cáncer de vejiga, los síntomas de irritabilidad de la vejiga debido a la inflamación de la vejiga que se establece, como polaquiuria (aumento de la frecuencia de micción), estranguria (dificultad para orinar), urgencia urinaria es tenesmo (sensación de necesidad de orinar a pesar de no poder orinar).

Tarde, especialmente si el tumor se infiltra en el trígono de la vejiga, esto puede obstruir la salida de los uréteres y causar hidronefrosis y dolor cólico; puede estar presente dolor de vejiga y síntomas debidos a metástasis óseas, hepáticas o pulmonares.

Diagnóstico

El procedimiento de diagnóstico del cáncer de vejiga establece que ya existe un diagnóstico de sospecha (pero no seguro) en el momento de la historia clínica: un sujeto que reporta hematuria macroscópica debe considerarse que padece cáncer de vejiga hasta que se demuestre lo contrario, y por lo tanto las primeras investigaciones diagnósticas van encaminadas en este sentido. Por tanto, es importante detectar la presencia de algún factor de riesgo, caracterizar y confirmar la presencia de hematuria (si está ausente es necesario hacer un análisis de orina y buscar microhematuria) y síntomas relacionados con vejiga inflamada.

Posteriormente, un Examen rectal o un 'exploración vaginal si sospecha la presencia de un tumor grande, que luego podría detectarse a la palpación.

Las pruebas más importantes en el diagnóstico son las examen citológico de orina (CTM, células tumorales malignas), la ecografía abdominal inferior (que, sin embargo, no detecta la presencia de tumores planos), cistoscopia (inserción de un tubo óptico a través de la uretra hasta la vejiga) y uroTC.

El examen citológico de orina, el citología urinaria, se realiza en 3 muestras de recolección de orina durante 24 h (luego 3 días de orina): mediante análisis microscópico, citometría de flujo, análisis de ADN mediante el método FISH y búsqueda de BTA (antígeno tumoral de vejiga) que proporciona esta prueba una base sólida, cuando sea positiva, para el diagnóstico de cáncer de vejiga; sin embargo, no puede dar un diagnóstico de certeza.

A través de la investigación de cistoscopia el sitio, el tamaño, el número de lesiones y la apariencia del tumor se pueden verificar con certeza, además de brindar información fundamental para cualquier intervención quirúrgica.

Finalmente, con una investigación de uroTC y la resonancia magnética puede estadificar el tumor, detectando la presencia de metástasis en los ganglios linfáticos u otros tejidos.

Terapia

¿Existen tratamientos adecuados para el cáncer de vejiga? Existen dos situaciones diferentes en función del nivel de desarrollo tumoral: cuando es superficial, es posible un abordaje quirúrgico mediante el procedimiento TURB (resección transuretral de la vejiga), gracias al cual es posible extirpar el masa tumoral que ingresa a la vejiga a través de la uretra, por lo tanto, en ausencia de cicatrices externas y los riesgos quirúrgicos relacionados.

Después del procedimiento, sigue un tratamiento de quimioprofilaxis intravesical: se instilan en la vejiga a través de un catéter fármacos capaces de estimular al sistema inmunológico para que reaccione vigorosamente contra una posible recurrencia del tumor. Estos fármacos adyuvantes son: mitomicina, BCG (bacilo de Calmette-Guérin), doxorrubicina, gemcitabina y epirrubicina.

En cuanto a los tumores infiltrantes (es decir, los que traspasan la pared muscular de la vejiga), en primer lugar se debe confirmar el grado de malignidad del tumor mediante la eliminación de la masa visible en la vejiga, mediante una intervención endoscópica. Si se confirma una neoplasia maligna elevada, la vejiga debe extirparse por completo (cistectomía o cisto-próstata-vesiculectomía en hombres) para extirpar toda la masa y prevenir la recurrencia.

Claramente, dado que el sujeto en este punto se ve privado de un órgano importante, es necesaria una intervención para crear una derivación urinaria a través de la cual se pueda expulsar la orina. Esto se puede hacer de tres formas diferentes:

  1. Uretero-ostomía-cutánea: se suturan a la piel los uréteres (conductos a través de los cuales normalmente se transporta la orina desde el riñón a la vejiga) y se colocan dos bolsas recolectoras de orina; o, los uréteres se unen en una única salida cutánea.
  2. Uretero-ileo-cutánea-ostomía: los uréteres se suturan a un asa intestinal, que a su vez se sutura a la piel. De esta forma, el asa intestinal juega un papel de reservorio, evitando el reflujo de orina hacia los uréteres.
  3. Creación de una neovejiga: se utiliza un asa intestinal, que en este caso se conecta a los uréteres por un lado y a la uretra por el otro. De esta forma es posible evitar la creación de estomas en el abdomen.

En los dos últimos casos en particular, la calidad de vida del paciente está marcada por el hecho de que no hay ganas de orinar, que hay que presionar sobre el abdomen para hacerlo, que es necesario tomar mucolíticos de por vida (las asas intestinales continúan, como es habitual , para producir moco) y por el hecho de que, dado que las asas intestinales mantienen la capacidad de absorción, es necesario realizar controles frecuentes para verificar que no existen alteraciones graves en el equilibrio ácido-base en la sangre.

Las terapias adicionales son la radioterapia (que puede dar buenos resultados en pacientes que no pueden someterse a una cirugía) y la quimioterapia (reservada para pacientes avanzados con metástasis).

 

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